Crónicas

Discurso de Luis Mateos, Secretario General DN, el 12-O en Barcelona.


Buenos días.

Hoy, nos hayamos aquí reunidos para rendir homenaje a nuestra bandera, bandera que antaño imponía respeto y admiración cuando era avistada en alta mar por los barcos de otras naciones u ondeando al viento en cualquier fortín de las indias occidentales, bandera que representaba a una nación fuerte y orgullosa, unida y cohesionada a la que no se podía retar sin sufrir un serio descalabro.

Hoy, desgraciadamente, esta bandera representa ante las naciones que gobiernan el mundo y ante las del tercer mundo que no pintan nada una nación a la que no se respeta, una sociedad enferma y en descomposición representada por unos políticos que no la defienden y patio de monipodio para cualquiera que quiera asentarse en ella.

España, nuestra nación, no es un espacio geográfico delimitado por unas fronteras en cuyo seno habita una sociedad cambiante, inconexa, sin raíces ni cultura común, venida de cualquier parte del planeta para vivir como en sus países de origen. España no es un modelo político determinado, ni un modelo de organización territorial concreto ni un país con un modelo económico determinado. España no está determinada por los gobernantes que nos rigen en cada época.

España son sus gentes, España somos los españoles que la conformamos, España es una sociedad concreta y bien determinada por nosotros a lo largo de los siglos, una sociedad con unas raíces raciales, culturales, religiosas e históricas concretas. Sin españoles no puede haber España. Podremos pasar por épocas de bonanza y por épocas de decadencia, pero mientras seamos una sociedad homogénea y unida España será una nación respetada.

En el nuevo orden mundial, España, con su situación geográfica tan determinante estratégicamente, con el posible control del Estrecho de Gibraltar y su influencia en el norte de África siendo una potencia económica, debía ser neutralizada y destruida, asignándosele un papel de potencia secundaria, sin capacidad económica ni política, sin autonomía propia y compuesta por una sociedad desunida.

Y a lo largo de treinta años, el camino que nuestros gobernantes han seguido meticulosamente ha sido el de la destrucción de España, y para ello ha sido necesario actuar en dos ámbitos: despojarnos de nuestros medios de subsistencia, eliminando nuestra independencia y autonomía industrial, energética y alimenticia y a la par cambiar totalmente a la sociedad española para que acepte estos cambios sin protestar y destruir la solidaridad entre sus territorios mediante la creación del estado de las autonomías y el favorecimiento de los partidos separatistas.

Con la excusa de la modernidad, del progreso, del reconocimiento internacional, del atávico retraso español y bajo numerosas coartadas se ha ido destruyendo el tejido industrial español, el sector ganadero, pesquero, agrícola, energético. Hoy nuestra dependencia del exterior en todos estos aspectos es total y absoluta.

Empezaron durante los gobiernos de Felipe González y tras nuestra entrada en la Comunidad Económica Europea desmantelando las grandes empresas públicas de la minería, la metalurgia y del sector naval y de la automoción. Empresas que por cierto generaban beneficios para todo el pueblo y eso hacía que los particulares no pagasen impuestos, a la par que con esos beneficios se construían pantanos, carreteras, hospitales y toda clase de infraestructuras. También se redujo la flota pesquera y la producción láctea, ganadera, cerealística, textil, del calzado y en definitiva toda la estructura económica de la nación.

Era la época en que nuestros camiones con fruta eran volcados en las carreteras francesas ante la mirada impasible de los gendarmes, camiones que ya no se vuelcan porque la fruta que llega al mercado europeo es marroquí. Era la época en que se paralizaron la construcción de centrales nucleares y comenzamos a comprar la electricidad a Francia. También fue la época en que se fomentó el consumo de drogas entre la juventud, se fomentó el aborto, se comenzó a socavar la autoridad paterna, la autoridad del profesor, se comenzaron a destruir los lazos naturales entre hombres y mujeres mediante las consignas feministas y se empezó a tupir una extensa red de comisarios políticos en todos los niveles de la sociedad para moldear y crear la nueva sociedad española.

Valga como ejemplo de esto último la creación de múltiples asociaciones de defensa de cualquier cosa: de defensa de gitanos, de gays, de niños, de mujeres, de enanos, de perros, de gatos, de toros, de sandías, de melones... todo un conglomerado de lobbis vociferantes ante cualquier supuesta ofensa hacia su colectivo representado, que amplificados por los medios de comunicación se dedican a imponernos el pensamiento único y expulsar al averno a los disidentes. También en esta época es cuando se transformó la justicia para proteger al delincuente y castigar a la víctima, es cuando desapareció el derecho a la legítima defensa, el derecho a la propiedad privada, cuando cualquiera podía meterse en nuestra casa o robarnos por la calle sin que pudiésemos defendernos, cuando cualquier piquete podía destrozar nuestros comercios y negocios sin que tuviésemos derecho ni a rechistar.

Posteriormente, y bajo los gobiernos de Aznar, se culminó la venta del patrimonio de todos los españoles vendiendo las pocas empresas públicas que quedaban y que actualmente generan enormes beneficios a sus propietarios, como Endesa, Repsol o Telefónica. A la par se reactivo la economía introduciendo en España a millones de inmigrantes que vinieron a construir las casas que ellos iban a habitar y las infraestructuras necesarias para atender al inmenso aumento de población que supusieron. Como se vió fue todo un bluf, un castillo de naipes que se ha desmoronado, porque el modelo económico no puede basarse en el aumento desmesurado de la población sin una base industrial, energética y alimenticia que la sostenga. Pero la entrada masiva de inmigrantes no tenía sólo como finalidad reactivar la economía ni pagarnos las pensiones, falsedad palmaria como se ha visto, sino que la finalidad ha sido transformar la sociedad española atomizándola aún más y metiendo entre nosotros al Tercer Mundo literalmente, para así no tener oposición en su camino hacia la destrucción de España.

A nivel social la era Aznar siguió una política continuista con la de Felipe González, manteniendo a todos los comisarios políticos de felipismo y crando algunos nuevos como los perseguidores del racismo, del antisemitismo y los defensores de los inmigrantes. Fue con el gobierno de Aznar cuando se decidió qué libros se pueden vender y cuales no, fue durante el gobierno de Aznar cuando se condenó a la cárcel a nuestro amigo Pedro Varela por tener una librería y una editorial donde se vendía libros prohibidos, libros que por cierto no aparecen en ninguna lista de libros prohibidos porque no existe, creando así mayor indefensión entre quienes disientan del sistema. Y fue con Aznar cuando se creó la Ley del Menor que permite a los asesinos menores de edad campar a sus anchas, ahondando en la indefensión de los ciudadanos.

Y para rematar la faena, llegó el Sr. Zapatero tras el mayor atentado terrorista de la historia de España, atentado cuyos autores intelectuales no conocemos y cuyos autores materiales son más que dudosos. Para terminar de destruir la economía española Zapatero no ha tenido que hacer nada. Una vez que el tejido productivo español ha sido destruido por sus antecesores sólo ha tenido que quedarse de brazos cruzados para ver como el bluf del ladrillo y el castillo de naipes de la economía basada en el aumento de la población se ha desmoronado. Ahora es el momento de pagar la deuda que nos ha permitido vivir todos estos años sin producir nuestros artículos de consumo, nuestra energía y nuestros alimentos. Dinero que nos han prestado los mismos gobiernos que nos venden sus productos a través de sus bancos. Y ese dinero va a salir del bolsillo de los españoles a través de unos impuestos confiscatorios y a costa de la desaparición de la clase media española.

Pero para poder despojarnos definitivamente de todo lo que nos pertenece es necesario un mayor control de la población y la promulgación de leyes que se inmiscuyan aún más en nuestra vida. El gobierno de Zapatero puede meternos en la cárcel, quitarnos nuestra casa y arrebatarnos a nuestros hijos por no cumplir con las leyes totalitarias que regulan nuestra vida cotidiana. Se puede ir a la cárcel por discutir con tu mujer, por darle un cachete a tu hijo. Te pueden quitar a tu hijo por estar en el paro y no poder mantenerle ,según el estado, te pueden quitar a tu hijo por estar obeso. Te pueden meter en la cárcel por conducir unos kilómetros más rápido de los estipulado, aunque no causes ningún daño. Hay mil y una leyes para regular qué se puede comer, beber, donde fumar, como etiquetar un producto, como sacrificar un animal, cuántos árboles puedes talar en tu propio jardín. Toda la vida de las personas decentes está regulada, mientras que las personas decentes no hayan amparo ante ninguna tropelía e ilegalidad.

Al final, hemos aceptado este estado de cosas y no nos rebelamos contra él. Si toda esta transformación de la sociedad se hubiese intentado producir de golpe hubiese habido una contestación social. Pero llegados ha este punto en que hemos aceptado la injusticia y la intromisión en nuestras vidas como algo natural y consustancial a la democracia, que incluso nos hemos tragado el cuento de que lo hacen por nuestro bien, he aquí que una parte del guión no es aceptada por el pueblo español. Y es que el pueblo español está reaccionando ante la injusticia que supone el trato preferente que reciben los inmigrantes en nuestra propia tierra y cuyas reclamaciones, exigencias y demandas son satisfechas al instante por nuestros gobernantes en perjuicio de los nacionales. Ha sido tan brutal el impacto de la invasión migratoria en la sociedad española y tan descarado el trato de favor que han recibido los inmigrantes que el pueblo español ha comenzado a rechazar tímidamente primero, y más claramente después esta transformación tan profunda que afecta a nuestra vida cotidiana.

Por eso, nuestros gobernantes saben que opciones políticas como la de Democracia Nacional, que llevamos años denunciando este estado de cosas, no sólo el tema de la inmigración, sino todo lo que he comentado antes sobre la transformación de nuestra sociedad y su control totalitario, así como el despojo de sus recursos de vida, tienen en este momento reales posibilidades de obtener la representación de sus conciudadanos en la vida pública y política.

Por eso, quieren desviar la atención del problema de fondo y distraernos con lo más inmediato y cotidiano, como pueda ser el control de la inmigración y en especial el impacto de determinadas culturas como la islámica. Ahora, tratando de evitar el ascenso de una fuerza nacional que le dé la vuelta al calcetín totalmente y que les exija responsabilidades por su traición, se centrarán en el problema de la inmigración como válvula de escape para que algo cambie para que nada cambie. Hay incluso individuos que se creen patriotas españoles a los que sólo les molesta el problema de la inmigración y aceptan como normal la destrucción de nuestra sociedad en otros ámbitos. Y hay patriotas españoles que creen encontrar un atajo ante este problema buscando el camino que ellos creen fácil, buscando aliados extraños, que son los que nos han llevado a esta situación, y creen que poniendo sobre nuestra sagrada bandera una estrella de seis puntas, buscando el beneplácito de los amos del mundo, tendremos una sociedad con una población inmigrante asimilable sin preocuparse de cambiar todo lo demás.

Nosotros no buscamos atajos, no queremos el camino corto y fácil que permita que la injusticia y la subversión del orden moral siga entre nosotros con o sin inmigrantes. Como he dicho antes España somos los españoles unidos en una raza y cultura común, somos los españoles con una historia, una tradición y una forma de vida perfectamente reconocible. España no es un aglomerado de seres amorfos y desligados entre sí dominados por nuestros políticos. Nosotros decidimos cómo queremos vivir y los medios que necesitamos para ello, no nuestros políticos que obedecen las órdenes de los líderes del Nuevo Orden Mundial.

Por eso, cuando honramos esta bandera, estamos honrando al pueblo ancestral al que representa y cuyos herederos somos nosotros, no a un determinado régimen político que será pasajero. Por eso, los que amamos esta bandera y lo que representa no vamos a cejar en nuestra lucha por conseguir que España permanezca y que la vuelva a reconocer la madre que la parió.

Muchas gracias y viva España.